Sobre el Foro

El 16 de enero de 2017 se conmemora el 25 aniversario de los Acuerdos de Paz de 1992, los cuales constituyen el fundamento para el desarrollo del paradigma de cultura de paz en El Salvador y una experiencia importante para los procesos de paz en el mundo. Un nuevo aniversario de la firma de la paz será siempre un momento propicio para reflexionar sobre lo que hemos avanzado en esta ruta, sobre todo en un momento en que la cultura de la violencia y el autoritarismo resurge bajo nuevas formas y en escenarios complejos, imposibilitando que los jóvenes, las niñas y los niños puedan desarrollarse integralmente en ambientes pacíficos. Uno de los más grandes retos del país es encontrar los medios para liberar a la juventud de la violencia.

Cuando analizamos desde el punto de vista histórico y político la cultura salvadoreña observamos la preminencia de modos violentos y autoritarios de abordar los conflictos, y una debilidad institucional del sistema político para controlar las actividades donde con suma facilidad se incuba y desarrollan prácticas que atentan contra el bien público. Se pensó que la nueva institucionalidad creada con los Acuerdos de Paz sería propiciaría el desarrollo de una cultura diferente con un entramado estatal capaz de supervisar y controlar sus propias actividades para mantener a raya la cultura violenta y las prácticas autoritarias. Tras 25 años se han dado pasos importantes, pero vemos con preocupación que las prácticas autoritarias y la cultura de violencias resurgen con un nuevo ropaje, en parte porque el Estado, la sociedad, la familia y la escuela no han hecho lo suficiente para lograr que la democracia y la cultura de paz sus instituciones se renueven constantemente.

De ahí que sea tan importante celebrar el 25 aniversario plateándonos el compromiso de construir una nueva agenda de nación que nos conduzca a alcanzar un desarrollo con bienestar para toda la sociedad. Buena parte de este propósito le corresponde al sistema educativo, pues la paz es una realidad que se construye día con día, desde diferentes ámbitos, donde la escuela y la familia son fundamentales. Por esto, el Ministerio de Educación busca retomar el proceso de construcción de la cultura de paz desde el sistema educativo dándole la prioridad requerida, convocando a diferentes sectores a reflexionar sobre cómo fortalecer la institucionalidad y la política educativa para contribuir al desarrollo de capacidades ciudadanas a la altura del siglo XXI.

Los procesos de reforma educativa impulsados a partir de la firma de la paz, descritos en los documentos de la Comisión de Educación, Ciencia y Desarrollo; los Fundamentos curriculares de la educación nacional 1994-1999; el Plan Decenal, entre otros, expresaron en una formulación inicial el reto de la construcción de una ciudadanía capaz de ser agente de paz; no obstante, el sistema educativo sigue padeciendo y reproduciendo prácticas, en lo curricular, la gestión escolar y la evaluación que son más bien violentas y autoritarias, que pacíficas, democráticas y productivas.

Reflexionar sobre la persistencia de estas prácticas, sobre el camino andado, pensar críticamente la política educativa, reflexionar sobre el planteamiento curricular, repensar la formación docente y los ambientes escolares, y comprender a partir del conocimiento producido la situación que vivimos después de los Acuerdo de Paz, son las apuestas estratégicas de este Foro. El Ministerio de Educación se propone a partir de este proceso de pensamiento crítico identificar medidas de política educativa que encaucen la educación hacia el desarrollo de capacidades ciudadanas y productivas, las cuales finalmente son la garantía de que los salvadoreños en general asuman la construcción de paz y fortalecimiento permanente de la democracia.

Cuando hablamos de capacidades ciudadanas nos referimos a potencialidades, que se constituyen a partir de la articulación de competencias (saber hacer concreto), conocimientos (diferentes disciplinas científicas, humanísticas y artísticas), habilidades (racionalidades y destrezas) y modos de ser (emociones, valores y carácter) con los cuales puede encarar situaciones complejas que le presenta la vida cotidiana en sus diferentes dimensiones (interpersonales, familiares, comunitarias, económicas o políticas). Las capacidades ciudadanas pueden identificarse concretamente si consideramos tres aspectos básicos: las dimensiones de la ciudadanía, las esferas de acción ciudadana y el fundamento histórico de éstas; nos referimos a aquellos componentes implicados en el concepto formal del buen ciudadano y la buena ciudadana, es decir, aquella que es capaz de participar en el espacio público, en sus diferentes modalidades y escenarios, donde se dirimen conflictos y se discute el rumbo de las comunidades políticas o de la sociedad con una perspectiva histórica y critica de los procesos. Por su parte las capacidades productivas se refieren a saber producir un bien (lo cual implica conocimientos técnicos y científicos, y manejo de procedimientos formales los cuales se construyen desde los primeros niveles educativos y no están limitados a la educación superior); así como a saber consumir bien, es decir, practicar un ética del consumo que tenga a la base el concepto de sustentabilidad, con lo cual se hacer referencia a consumir desde la responsabilidad de cuidar los recursos del entorno para mí y para las próximas generaciones.

Ambos conjuntos de capacidades son necesarios para construir una cultura de paz fundada en las capacidades políticas de las personas, así como en la posibilidad real de insertarse en el aparato productivo. Estas capacidades no se desarrollan en cualquier condición, requieren de docentes calificados, espacios educativos agradables y pacíficos, recursos educativos de calidad y la participación e integración de la familia y la comunidad en el proceso educativo. De allí que el presente Foro se proponga posicionar en la agenda pública estas esferas del sistema educativo.